martes, 5 de mayo de 2015

La población indígena yanomami que habita el Amazonas venezolano sin contacto externo tiene un microbioma con el nivel más alto de diversidad bacteriana registrado nunca en un grupo de seres humanos y genes resistentes a antibióticos, según un estudio que publica este viernes la revista "Science".

El Carabobeño 17 abril 2015

Indígenas aislados del Amazonas son resistentes a antibióticos

Los yanomamis siguen viviendo un estilo de vida parcialmente nómada. (Foto Archivo)
EFE
La población indígena yanomami que habita el Amazonas venezolano sin contacto externo tiene un microbioma con el nivel más alto de diversidad bacteriana registrado nunca en un grupo de seres humanos y genes resistentes a antibióticos, según un estudio que publica este viernes la revista "Science".
"Lo que sugiere este descubrimiento es que desde los pasos muy tempranos de la transculturación, los humanos pierden diversidad de microorganismos por prácticas antibacterianas como antibióticos, parto por cesárea, jabones, o flúor dental", dijo a Efe una de las investigadoras, la venezolana María Gloria Domínguez-Bello.
"Ahora tenemos que averiguar cuáles son los organismos perdidos y cuál era su función, y si sería útil recuperarlos. Estas revelaciones nos ayudan a entender dónde estamos en relación con lo que tenían nuestros ancestros", añadió la microbióloga de la Universidad de Nueva York (NYU, por sus siglas en inglés).
El microbioma son las bacterias y otros microorganismos que habitan el cuerpo humano y que han evolucionado con el hombre.
Los científicos consideran especialmente sorprendente que el microbioma de este grupo indígena tenga genes resistentes a los antibióticos, ya que se cree que los yanomami nunca han estado expuestos a antibióticos comerciales.
"Estas revelaciones complementan las pruebas que sugieren que la occidentalización está asociada con la pérdida de la diversidad bacteriana, al tiempo que sugieren que los genes equipados para resistir los antibióticos pueden ser una característica natural del microbioma humano", apuntó el estudio.
Aunque hoy existen más pruebas científicas de que el microbioma cumple una función importante en la salud del ser humano, hay pocos estudios sobre cómo la composición de las comunidades bacterianas del humano ha cambiado a medida que se adopta ampliamente la dieta y el estilo de vida de Occidente en otras partes del mundo.
"El estudio de las poblaciones ajenas a las prácticas del Occidente puede ayudar a los investigadores a caracterizar los microbiomas que más se asemejan a los de nuestros antecesores y a entender los beneficios de alojar una diversidad microbiana extensa", señalan los investigadores.
Miles de años después, los yanomamis siguen viviendo un estilo de vida parcialmente nómada como cazadores-recolectores en la jungla del Amazonas de Venezuela y Brasil.
En 2008, un helicóptero militar vio una aldea yanomami nunca antes identificada en mapas, al cabo de un año, una misión médica aterrizó allí y obtuvo muestras de materia fecal, cutáneas y bucales por frotis, de 34 personas (de entre 4 y 50 años).
El frotis es un mecanismo científico que consiste en el extendido de una gota de sangre sobre la superficie de un portaobjetos para analizarla posteriormente con el microscopio. Sólo uno de los autores del artículo, Oscar Noya, visitó la aldea de los yanomami durante la obtención de muestras en 2009.
Los investigadores analizaron el ADN microbiano de estas muestras y encontraron una diversidad bacteriana considerablemente mayor, no solo en comparación con un grupo de personas de origen estadounidense, sino con muestras de dos grupos que no proceden de Occidente pero con exposición limitada a las prácticas occidentales.
Algunas de las bacterias presentes en un nivel mayor en los yanomami han demostrado tener efectos beneficiosos para la salud, como ayudar a evitar la formación de cálculos en los riñones.
A pesar de no haber tenido ninguna exposición documentada a antibióticos comerciales, las muestras de materia fecal de los yanomami contenían E. coli con genes funcionales resistentes a los antibióticos, incluidos aquellos que ofrecen resistencia a medicamentos sintéticos.
Domínguez-Bello y sus compañeros sugieren que esos genes se pudieron haber originado de un intercambio entre la microbiota humana y las bacterias en la tierra, donde se hallan genes resistentes a los antibióticos.
"Los resultados enfatizan el valor de caracterizar los microbiomas de las personas con estilos de vida ancentrales antes de que se pierda la diversidad microbiana. Al hacerlo, es posible encontrar microbios con valor terapéutico para diferentes trastornos inmunitarios", concluye el estudio.

Lo que el mundo moderno puede aprender de los aislados yanomami

Redacción

Yanomami

El abrumador aumento de condiciones como el asma, la diabetes y la obesidad frecuentemente es atribuido al estilo de vida moderno sin pruebas contundentes de que nuestros ancestros también sufrían de estos mismos malestares... hasta ahora.
En 2008, un helicóptero militar se topó por casualidad con un inexplorado grupo de chozas en una remota región amazónica en el sur de Venezuela. Era un asentamiento yanomami de 15.000 personas.
Se estima que han vivido completamente aislados desde que sus ancestros llegaron hasta Sudamérica después de la última edad de hielo.
Esta población parcialmente nómada de cazadores recolectores nunca ha estado expuesta a la civilización moderna y, por ende, tampoco lo han estado sus intestinos.
La comunidad caza pequeñas aves y mamíferos, al igual que ranas y peces y, de cuando en vez, un tapir. También consumen bananas silvestres, plátanos y yuca.
El agua es recolectada de un arroyo que queda a unos cinco minutos a pie de la aldea.
Un grupo internacional de científicos estudió el grupo, cuya locación exacta permanece protegida, para ver qué microorganismo viven con -y dentro de- ellos.
Algunos microbios causan enfermedades, pero la mayoría son completamente inocuos y los humanos no podrían vivir sin estos.
Los microbios con los que nacemos, que principalmente provienen del canal del parto de nuestras madres, conforman la base de un microbioma que llevamos toda la vida.
Estamos literalmente invadidos por ellos, dentro y afuera. Pero la vida moderna puede alterar esta composición microbiana.
El uso de antibióticos, alimentos procesados y el jabón puede haber contribuido a una menor diversidad de nuestros microbios, según el doctor Gautam Dantas, de la Escuela de Medicina Washington, uno de los investigadores que estudió a los yanomami.

Microbios en equilibrio


Yanomami
Los yanomami permitieron el análisis de los microbios en su boca, piel e intestinos.

El doctor Dantas, cuyo estudio se publicó en Microbial Ecology, dice que es lógico relacionar este comportamiento con el incremento de "nuevas" enfermedades como el asma, la enfermedad inflamatoria intestinal y la diabetes.
María Gloria Domínguez Bello, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, analizó microbios de los yanomami y los comparó con los de grupos modernos occidentales.
La doctora Domínguez Bello considera que la infancia es un período importante para preparar el sistema inmune, cuando se puede aprender a distinguir cuáles son los microbios buenos y cuáles se deben combatir.
Señala que los menores estadounidenses reciben, en promedio, dos tratamientos de antibióticos en su primer año de vida y que uno de cada tres nace por cesárea.
En Brasil, por su parte, uno de cada dos bebés nace por cesárea.
Domínguez Bello dice: "Si se altera esa bacteria buena, podría ser que el sistema inmune del bebé quede mal preparado y responda incorrectamente a otros agentes y bacterias".
Los yanomami permitieron que los microbios de sus bocas, piel y heces fueran analizados por el equipo de investigadores internacionales.

Yanomami
El intestino de los yanomami tiene 40% más diversidad bacteriana que el de la gente moderna urbana.

La doctora Domínguez Bello se sorprendió con los resultados. Los microbios de la piel y los intestinos eran 40% más diversos que los de la gente urbana moderna.
"La diversidad en el intestino es realmente impactante, y creemos que ésta juega muchos papeles importantes en la digestión y en la comunicación con el sistema inmune", explica.
"Queremos conocer cuáles bacterias hemos perdido y cuáles eran sus funciones y si podemos recuperarlas eventualmente."
En contraste, los microbios encontrados en las bocas de los yanomami tenían un equilibrio similar a los de los grupos urbanos modernos, lo que algunos investigadores explican como el resultado del hábito que tienen los indígenas de mascar tabaco -un leve antiséptico- desde temprana edad.

Resistencia antibiótica

Otro descubrimiento importante fue que los microbios de los yanomami tienen genes resistentes a los antibióticos a pesar de nunca haber entrado en contacto con fármacos modernos, aunque estos genes no están activados.
El doctor Dantas dice que encontraron seis genes resistentes.

Chozas yanomami
El asentamiento, cerca del nacimiento del río Orinoco fue detectado por un helicóptero militar.

"La resistencia antibiótica es una característica natural de las bacterias en el cuerpo humano. No es algo generado por el uso de antibióticos, aunque sí se amplifica cuando se toma antibióticos".
Este microbioma "de referencia" del aislado pueblo yanomami también ha sido comparado con otros pueblos de cazadores recolectores de Malawi, como también con los amerindios guahibos, cuyas poblaciones están haciendo la transición hacia la vida urbana con acceso a cuidados médicos y cambios en su agricultura.
Se encontró que entre más expuestos están a la vida moderna, menos diverso es el microbioma.
Dantas indica que se necesitan más estudios para entender el papel de estos genes resistentes, para entender el efecto que tienen sobre el sistema inmunológico y el metabolismo.
Una vez se sepa esto, ¿podríamos simplemente "recargar" nuestros microbios para reducir el impacto de la vida moderna?
El doctor Dantes piensa que habrá un interés comercial en el desarrollo de compuestos sintéticos que modulen los efectos de la vida moderna.
Todavía cree, sin embargo, que tenemos una responsabilidad de reducir nuestro uso de antibióticos y tal vez no ser tan obsesivos con la limpieza.

viernes, 1 de mayo de 2015

El paisaje sonoro en el que vivimos se parece cada vez menos al que conocieron nuestros antepasados. La sonoridad en la que estamos inmersos (a menudo poblada por una extrema vulgaridad, por el aplastamiento de unos sonidos por otros), guarda características que la hacen radicalmente distinta a sus precedentes. Esta sonoridad propia de nuestro tiempo, porta además otro rasgo: con frecuencia es contaminante. Casi siempre invade el espacio de los demás.

De cómo suena el mundo

El paisaje sonoro y la afinación del mundo Raymond Murray Schafer Editorial Intermedio, España, 2013.
El paisaje sonoro y la afinación del mundo Raymond Murray Schafer Editorial Intermedio, España, 2013.
El texto que sigue fue publicado en cuatro entregas, en la sección de opinión de El Nacional, en las semanas precedentes. La versión que aquí se ofrece, ha sido editada y agrega nuevos elementos a la reflexión sobre el paisaje sonoro del mundo


El paisaje sonoro en el que vivimos se parece cada vez menos al que conocieron nuestros antepasados. La sonoridad en la que estamos inmersos (a menudo poblada por una extrema vulgaridad, por el aplastamiento de unos sonidos por otros), guarda características que la hacen radicalmente distinta a sus precedentes. Esta sonoridad propia de nuestro tiempo, porta además otro rasgo: con frecuencia es contaminante. Casi siempre invade el espacio de los demás.
Raymond Murray Schafer (1933) es canadiense, compositor, autor de numerosos libros de análisis musical y autoridad mundial de la llamada Ecología Acústica. Comento aquí una lectura que me ha causado regocijo, por todo lo que ella tiene de novedoso: El paisaje sonoro y la afinación del mundo.

En las páginas de la Introducción, Murray Schafer traza algunos de los perfiles conceptuales que, más adelante, utilizará en su libro: qué entiende por diseño acústico; cuáles son los instrumentos (y las limitaciones) para notar el paisaje sonoro –la sonografía–; los elementos que conforman el paisaje sonoro: los sonidos tónicos, las señales sonoras y las marcas sonoras. Un recordatorio: “El ojo señala hacia afuera; el oído se pliega hacia el interior”. Antes de dormir, el sonido es el último vínculo que mantenemos con el mundo. Al despertar, el primero. Antes de abrir los ojos, escuchamos.
Ante la pregunta del sonido primigenio, se ofrece una posible respuesta: las aguas del vientre materno que se proyectan a gran escala en la infinita sonoridad de mares, océanos, ríos, lluvias y caídas del agua. Si la existencia humana es indisociable del agua, quizás ello explique la sensación de sonoridad esencial que sus sonidos nos producen.
Murray Schafer parte de recapitular los que deben haber sido los sonidos predominantes en otros tiempos: el viento, pero también, cuando este cruza los pasillos abovedados del bosque; los innumerables sonidos de la naturaleza: por ejemplo, la corpulencia sonora que se produce durante el desplome de un árbol; el de la caída de la nieve, en aquellos lugares del planeta donde ello ocurre (el autor encontró en un glosario inglés 154 palabras para nombrar la nieve y el hielo); o el de las grandes convulsiones de la naturaleza (hay testimonios que demuestran que la explosión del volcán Krakatoa, en agosto de 1883, fue escuchada a 4 mil kilómetros de distancia).
La conversación y el canto de los pájaros; las vocalizaciones de animales terrestres y marinos; el vínculo entre los sonidos que emiten algunos insectos y la exasperación que nos producen sus zumbidos; los desgarradores sonidos que producen algunos animales bajo ciertas condiciones: todos ellos forman parte de un paisaje sonoro que todavía tiene en nosotros, cuando menos, la forma de la reminiscencia. De hecho, hay quienes sostienen que las onomatopeyas son proyecciones de ese paisaje sonoro primordial.

Rural, urbano
Paisajes sonoros de alta y de baja fidelidad: Murray Schafer se sirve de la oposición rural-urbano para explicar las diferencias. En lo rural predomina la alta fidelidad, porque el bajo nivel del ruido ambiental promedio hace posible escuchar los sonidos discontinuos. Ocurre lo mismo con la noche con respecto al día, y en el mundo Antiguo con respecto a los modernos. En lo rural es mucho lo que puede escucharse en la lejanía. En la ciudad, lo contrario: la sobrepoblación de sonidos impide escuchar con nitidez y nuestro ámbito sonoro se reduce a lo más inmediato.
Por mediación de los clásicos de la Antigüedad, Lucrecio, Teócrito, Virgilio y tantos más, “escuchamos” a los pastores, a las primeras granjas, al empeño de domesticar a los animales y hacer producir la tierra. Sobre el fondo del paisaje sereno, las voces o los gritos de los humanos, el cuidado o la destrucción de la vida, los peculiares sonidos de la caza. En la vastedad del mundo rural, la aparición de nuevos elementos ocurrirá de forma paulatina. Hay una sonoridad básica, asociada a los modos de vida y de producción (la granja), que mantendrá algunos de sus elementos básicos hasta el siglo XIX. De la Antigüedad romana proviene, de forma más persistente, la asociación entre música y descanso (“el hombre sólo descubre la cadencia y lo lírico en cuanto se libera del trabajo físico”).
A la sonoridad metálica de la guerra, habrá que añadir el uso creciente de la pólvora a partir del siglo XIV. Las batallas no solo eran visuales (como lo demuestran los uniformes de los guerreros hoplitas) sino también auditivas: durante siglos se consideró que gritar al enemigo aumentaba su temor. También gritan las víctimas.
Otra sonoridad, quizás “el acontecimiento acústico más importante de la vida civil”, tomó su espacio: la celebración religiosa. Del espacio religioso, aunque no de forma exclusiva, deriva ese sonido maravilloso, el tañido de las campanas de las iglesias. La campana define a la parroquia, a la comunidad de fieles, como espacio acústico. Su sonido es centrípeto: atrae al encuentro de Dios. En el siglo VIII las campanas se habían extendido por Europa. Recordaban a Dios y también los deberes y las horas. En el siglo XIV la campana se unió al reloj: al recordar las horas insistían en el beneficio de las rutinas (esta idea nos conecta con otro libro y con otra idea: “Autoridad, libertad y maquinaria automática en la primera modernidad europea”, de Otto Mayr, que contiene un capítulo dedicado a la idea de “El Estado como mecanismo de relojería”).

Rumbo a nuestro tiempo
Transcurre la Edad Media en su camino hacia el mundo moderno. En aldeas y caminos se escuchan molinos y ruedas de agua donde se muelen los granos. El métrico golpeteo del herrero y su ayudante viaja a lo lejos: ese sonido fue, hasta la Revolución Industrial, el más fuerte producido por la mano del hombre. La disponibilidad de materiales (madera, bambú, metal o piedra) determina la sonoridad. A finales del siglo XVII, algunas calles de Vancouver fueron pavimentadas con conchas de almeja. El sonido de los carruajes (las ruedas metálicas sobre los adoquines) es motivo de quejas en todas partes. Asociado al paso del carruaje, el chasquido del látigo, el zumbido sobre la piel del animal, que Schopenhauer detestaba.
La aparición de la electricidad marca el advenimiento de la modernidad, es decir, una nueva sonoridad. Se inicia la era de las máquinas. En las ciudades en crecimiento, se escucha el voceo del pregón que anuncia los productos y el jolgorio de las tabernas. El traqueteo del ferrocarril deja su marca en quienes lo escuchan (más adelante se expresará en la rítmica del jazz). Las calles se llenan de vendedores, buhoneros y charlatanes. El paisaje sonoro se congestiona. Los sonidos concurren y se disputan su lugar en la atmósfera. Los inventos, pequeñas y grandes máquinas para diversos usos, suenan: de la máquina de coser al taladro, del torno mecánico a la máquina de escribir. La tecnología desplaza a los sonidos del campo.
La sonoridad de la Revolución Industrial es una forma de poder: la autoridad que permite emitir sonidos sin mayores restricciones pasa del sacerdote al industrial. En 1832, en Inglaterra, aparecen las primeras denuncias de enfermedades y sorderas causadas por el ruido en las fábricas (el uso del decibelio como medida para determinar el nivel de presión acústica no se generalizó hasta 1928). Los motores de combustión interna ocupan una parte considerable del paisaje sonoro. El telégrafo sintetizó la tensión entre lo continuo y lo discontinuo. Generadores, extractores y aparatos de aire acondicionado causan el ruido continuo, una línea plana sonora. Los aviones supersónicos nos descubren el vínculo entre sonido y velocidad.
Las tecnologías introducen un cambio radical: los sonidos comienzan a grabarse y almacenarse. Murray Schaffer habla de la ezquizofonía como la capacidad de reproducir un sonido fuera de su contexto o separado de su fuente originadora. El espacio sonoro se convierte en móvil. La vida moderna tiene algo de ventriloquía. La radio se usa como instrumento del afán totalitario. El hilo musical aspira a la audioanalgesia.

El fin del silencio
La era postindustrial ha borrado o arrinconado al silencio: cada vez se le escucha menos (en sus aforismos, Elías Canetti nos advertía de las funestas consecuencias para el espíritu como consecuencia de no contar con espacios de silencio, que nos facilitasen desconectarnos, aunque fuese por unas horas, de nuestro agobiante alrededor). No hay silencio, sino barreras acústicas que nos confinan a ciertos encierros sonoros: tal la finalidad del hilo musical.
Una extensa parte del libro que aquí comento está dedicado a la música como expresión de los cambios en el paisaje sonoro, así como al tema de notación musical (la música se resiste a ser anotada). Durante 500 años, los compositores de Europa nos suministran las claves para pensar la cultura. El auditorio imita a la naturaleza pero también hizo posible el espacio absoluto de la música. La orquesta metaforiza las fuerzas que interactúan en la ciudad. Vivaldi o Haydn escriben paisajes musicales. Händel vuelca la urbe en algunas de sus partituras. Schubert “hizo que el paisaje actuase para él. Las experiencias de la vida moderna se incorporan o penetran la música. La bocina, el amplificador (que puede convertir la música en un instrumento de dolor), las distorsiones, los efectos de aceleración o ralentización, los auriculares, las mezclas, la globalización: todo ello multiplica las formas de los espacios sonoros.
Las tecnologías aportan instrumentos que permiten visualizar y estudiar la tridimensionalidad de las imágenes. Clasificaciones como las de objetos sonoros, acontecimientos sonoros y paisajes sonoros, son instrumentos para pensar lo sonoro como campo de interacciones. Otras, basadas en las características acústicas (físicas) de los sonidos, psicoacústicas (referidas al modo en que son percibidas), estéticas o en relación a su significado (semióticas) hacen posible ahondar en los vínculos entre hombres y sonoridades. De estas tipologías se desprenden las investigaciones que indagan en las fobias sonoras (el horror que produce la tiza sobre la pizarra, por ejemplo) y en la contaminación acústica, preocupación cada día más extendida en el planeta.
Cada vez escuchamos menos el polirruido del mar, las incalculables y sofisticadas variaciones del viento. El tráfico automotor nos arropa: debe ser la más importante fuente de ruido de todos los tiempos. En el año 44 aC., Julio César aprobada una ley que impedía que los vehículos con ruedas circulasen en las noches. Más de 21 siglos después, el problema es de enormes dimensiones y reta a los arquitectos, urbanistas y planificadores del mundo que viene.
El paisaje sonoro y la afinación del mundo
Raymond Murray Schafer
Editorial Intermedio,
España, 2013

Solo en otros siglos los hombres fusionaban vocaciones, por muy opuestas que ellas fueran, en función de sus oficios. Hoy ya no es posible que un corsario –hay quien asegura que todavía hay corsarios– disponga de su pasión de hombre de guerra para cultivar sus dotes de geógrafo. La unión de dos personalidades tan disímiles ha sido posible en Agustín Codazzi, un batallador que no se contuvo en su Italia natal después de conocer las Américas, y que regresó para luchar por su libertad hasta convertirse en prócer, mientras describía cada brecha que sus ojos veían pasar, para convertirse también, como lo afirma Enrique Bernardo Núñez, después de Humboldt, en "nuestro geógrafo por excelencia".

Agustín Codazzi: Explorador en la guerra

Agustín Codazzi / Foto Cortesía
Agustín Codazzi / Foto Cortesía
Además de sus fundamentales aportes geográficos, "el inmigrante ejemplar" dejó literatura en su prosa y una existencia poblada de desafíos que pocos conocen. Luego de terminar su odisea geográfica en Venezuela, acuerda con Humboldt, con quien acuerda llevar a cabo un proceso de colonización planificada, y es así como en 1845 funda la Colonia Tovar. En 1848 se ve obligado a exilarse después del asalto al Congreso, y se dedica a comenzar un proyecto de los que sería en el futuro el Canal de Panamá

Solo en otros siglos los hombres fusionaban vocaciones, por muy opuestas que ellas fueran, en función de sus oficios. Hoy ya no es posible que un corsario –hay quien asegura que todavía hay corsarios– disponga de su pasión de hombre de guerra para cultivar sus dotes de geógrafo.
La unión de dos personalidades tan disímiles ha sido posible en Agustín Codazzi, un batallador que no se contuvo en su Italia natal después de conocer las Américas, y que regresó para luchar por su libertad hasta convertirse en prócer, mientras describía cada brecha que sus ojos veían pasar, para convertirse también, como lo afirma Enrique Bernardo Núñez, después de Humboldt, en "nuestro geógrafo por excelencia".
Originario de Lugo, provincia de la Romagna, en los Estados Pontificios, nacido en 1973 de sangre italiana, Codazzi es autor de la primera gran geografía general de Venezuela. Una vez abandonada la milicia, después de una variada experiencia guerrera e inusitada travesía laboral (comerciante, pintor de brocha gorda, empleado en una casa de juegos en Babilonia), pronto siente las ineludibles necesidades que unieron su ánimo bélico con el de estudioso de la Tierra: la movilidad del viaje y la observación como táctica.

Codazzi, el guerrero
Juan Bautista Agustín Codazzi Bertoloi, que conoce tierra firme venezolana en 1827, a los 33 años, ya había formado parte de una expedición de Bolívar una década antes, en Baltimore. A su regreso, luego del pronto reconocimiento de su desempeño, presta sus servicios como Primer Comandante de la artillería del Zulia, donde efectuaba trabajos de reconocimiento por ríos y costas de manglares de la región, experiencia que le permitió elaborar un mapa de la zona.
Aunque los datos biográficos de la vida de Codazzi –en cuanto a fechas específicas– ofrecidos por diferentes fuentes históricas no coinciden en sus primeros 33 años, vividos básicamente en el viejo mundo, los años que pasó en tierras de Indias, como a causa de una providencia, sí son conocidos de manera detallada e inequívoca.
"El inmigrante ejemplar", como le reconoce Páez en su autobiografía, medía poco más de uno sesenta –como por imitación al máximo prócer–, pero su estatura lógica era más que sobresaliente: su obra, que despuntó especialmente en geografía política, abarcó a través de una de una inusual prosa descriptiva el detalle más profundo que se hubiera hecho antes en Venezuela, dejando la base más sólida en el estudio de nuestro territorio, a partir de la cual otros geógrafos contemporáneos ensayaron camino.
Su Atlas Físico y Político de la República, el Mapa General de Venezuela y Resumen de la Geografía de Venezuela, obras que realizó a partir de 1835, ya Venezuela separada de Colombia, y bajo la aprobación oficial de Páez, contaron con la ayuda del dibujante Carmelo Fernández y los historiadores Rafael María Baralt y Ramón Díaz.
Es entonces cuando Codazzi, tierra adentro, despliega nuevas formas de viaje: el principal móvil de este exilado voluntario. Si Codazzi hubiese nacido un siglo más tarde, sería quizás corresponsal de guerra, expedicionario o casco azul. Una selva desconocida, y ahí estaría Codazzi. Un campo minado y Codazzi lo vencería. Una tormenta eléctrica, una epidemia, una trampa y Codazzi adelante.
Empadronar a Venezuela
Nada podía vencer a Codazzi. Sus marchas por Venezuela tenían escasas guías hechas básicamente por Humboldt. Recorría la geografía para hacer su Atlas con un sentido de la ubicación espacial, literalmente espacial. No existían fotografías satelitales, pero Codazzi estaba seguro del punto que ocupaba con la precisión de un lejano visor moderno ubicado en el cuerpo celeste.
Pero su gracia aventurera no estaba sola. Tuvo la suerte de tener testigo. La propia voluntad de Codazzi para observarse, describir su paso, y lo que a su paso observaba, el clima preponderante, la apariencia de la tierra, la estirpe de sus animales, la calidad de sus hombres.
Escribano afanado, no hubo insecto que su existencia percibiera que no fuera entrevistado por su pluma. Los escritos de Codazzi aparecen, mapas y códigos científicos aparte, como una fotografía detallada en tres dimensiones. Leer a Codazzi es experiencia viva.
Su obra, generosa en puntos de interés, abarca lo que él llamó las fronteras naturales, describió todas las provincias del país de entonces, sus mares y golfos, sus montañas, islas y costas, hoyas hidrográficas, climas, estaciones, el aspecto físico de todas las zonas, las condiciones agrícolas y fauna de todos los tipos, tema por el que Codazzi sentía una especial afición al escribir, tarea a la que se prestaba con brillantez y precisión.
El afán científico de este venezolano adquirido se extendió a los hombres. Estudió las etnias que habitaban en la época, diseñó y calculó un censo, cuyos resultados dieron poblaciones muy escasas gracias a largos períodos de guerras y a las epidemias, a lo que Codazzi reaccionaba optimista aduciendo que no siempre los empadronadores llegaban a sus objetivos propuestos, y que la Venezuela de los treinta del siglo XIX debía tener cerca de un millón de personas, más de 200 mil de lo que arrojaba el cálculo estadístico que él mismo dirigía.
Luego de terminar su odisea geográfica, Codazzi se traslada a París para supervisar la impresión del Atlas, donde contacta a Humboldt, con quien acuerda llevar a cabo un proceso de colonización planificada, y es así como en 1845 funda la Colonia Tovar. A partir del año 46 es nombrado Gobernador de Barinas, hasta el año 48, cuando se ve obligado a exilarse después del asalto al Congreso, y se dedica a comenzar el Proyecto de Intercomunicación Oceánica, lo que será el futuro Canal de Panamá.
El 9 de febrero de 1959, después de reconocer la frontera del país que había hecho suyo, muere vía Valle de Upar, en el pueblo de Espíritu Santo, que hoy lleva el nombre de Codazzi.

Prosa de prócer
Las ideas de libertad, la furibunda pasión por el viaje y la adopción de América como su patria, no hubiese tenido el alcance histórico que ha correspondido a Codazzi si su testimonio escrito, además de útil y prolífico, no contara con la descriptiva milimétrica de sus palabras, convertidas en piezas constructoras de atmósferas, confundidas a veces con una prosa que hace olvidar el discurso científico sin evadirlo.
Para muestra, extractos de un texto publicado en la Gaceta de Venezuela del mes de julio de 1835 sobre la Cueva del Guácharo: "...Si la grande cueva que acabamos de recorrer podía llamarse un bello horror, ésta debe apellidarse una mansión de muerte... Mas cual fue nuestra admiración cuando nos vimos en un hermoso salón con tres anchas bóvedas. Aquí ya no se podía decir que era un bello horror ni una mansión de muerte, y sí un gran espectáculo de la naturaleza, que presenta revestida de todos los primores de la petrificación subterránea... Todos quedamos estáticos y como sobrecogidos por un gran rato; la pálida luz de las teas, cuyos rayos se extendían en varias direcciones; las sombras que éstos mismos lanzaban sobre otros que, más apagados se alcanzaban a ver, al paso que la oscuridad escondía multitud, y el humor, que por falta de viento se elevaba de las teas en columnas perpendiculares hacia la silenciosa bóveda. Todo, todo causaba una impresión grandiosa en las facultades del espectador, a quien le parecía estar en una mansión encantada...".

Geografía para todos
Demasiado poco frecuente es encontrar que el temario geográfico –a menos que la discusión incluya límites y sus sentimientos consecuentes– tome el centro de una escena por semejanza placentera. Digamos que es difícil toparse con una concentración de apasionados que se debaten por la definición de un clima zonal, tanto como que un hallazgo topográfico protagonice un titular de prensa, o que un texto para la soñolencia infantil lleve la firma de Aureo Yépez Castillo.
Vista como área exclusiva de los estudiosos, esta realidad parece insuperable. Sin embargo, el entendimiento de la Geografía como ciencia integral, buscadora de orígenes, entendedora de culturas, parece realizarse en la obra de Codazzi como la razón esencial por la que su obra se universaliza.
Isbelia Sequera, presidenta del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, lo ensaya desde la convicción del geógrafo: "Encierra (la geografía) lo que oculta la tierra en sus entrañas, encierra lo que arrastran los arroyos que forman los ríos y los propios arrastres del río; encierra lo que se encuentra dentro de sus aguas submarinas y debajo en el propio fondo de esas aguas; encierra sus cambios de clima, sus cambios de períodos de lluvia a sequía, y el efecto que en la corteza material tienen los vientos que a veces son suaves, que otras transportan al agua para enriquecer la tierra o también para inundarla, y que a veces, encabritados, furiosos, arrasan con todo. Y encierra también al hombre.
Al hombre que habita su superficie; que trabaja la tierra, que construye ciudades, que crea industrias, que transforma el paisaje para adoptar la naturaleza a su vida pero que, además, por lo corriente, arremete contra ese paisaje, que es la naturaleza y es esencia, quebrando el equilibrio ecológico que debe imperar.
Es en ese contexto de la ciencia geográfica la obra de Agustín Codazzi de avanzada..."

El de la pasión geográfica
Por Jesús Sanoja Hernández
El 14 de marzo de 1840, el Congreso presidido por José Vargas aprobó el decreto cuyo ejecútese firmó el presidente José Antonio Páez, mediante el cual se mandaba franquear al Coronel Agustín Codazzi, en calidad de empréstito, diez mil pesos del tesoro público, previa fianza, para que imprimiese y grabase la obra encomendada en 1830. Menos de cuatro meses más tarde el geógrafo embarcó rumbo a Francia, acompañado de los historiadores Rafael María Baralt y Ramón Díaz, así como del dibujante Carmelo Fernández, sobrino de Páez.
Estaban a punto de salir, pues, Resumen de la geografía de VenezuelaMapa general de Venezuela y Atlas físico y político de la República. La primera de esas obras dibuja a un país que, como observó Enrique Bernardo Núñez, ya había conquistado la libertad de comercio y aspiraba al fomento de su bienestar por medio de las ciencias y las artes. Si Bolívar trajo a Codazzi desde Colombia, en 1827, Páez sería el encargado de promover sus desplazamientos por el país para levantar planos, trazar itinerarios y suministrar noticias estadísticas del país que emergía de trescientos años de colonia y un tramo tempestuoso de lucha independentista.
Núñez definió a Codazzi como una pasión geográfica y el eminente Pablo Vila, escoltado por Carpio Castillo, lo colocó como miembro de trinidad cuyo otros dos fueron Humboldt y Caldas. Con Humboldt justamente se tropezaría Codazzi en París, quien lo entusiasmó para el proyecto inmigratorio que Páez habría de aceptar y del cual formó parte la Colonia Tovar.
Fermín Toro, en el N° 3 (extraordinario) de El libro Venezolano, tan temprano como en 1842, elogió al Resumen... y al plan de la Colonia Tovar, comparando al tipo de poblamiento de los conquistadores, que se lanzaron al despojo, con el de los descendientes de entonces cuyo signo debía ser "producir por medio de la industria y el comercio".
Parecía sólido y brillante su destino al punto de que Soublette lo nombró gobernador de la provincia de Barinas, entonces próspera y donde prosiguió en su tenaz labor de acopio de datos y búsquedas geográficas; pero pronto sobrevino la sorpresa del "asalto al Congreso", 1848, y con ella la afiliación de Codazzi al movimiento armado de Páez contra Monagas, culminado con el infeliz episodio de Los Araguatos. Le tocó entonces lo que le había tocado y le seguiría tocando a muchísimos venezolanos atraídos por el combate político: el exilio.
Tornó Codazzi a Colombia, tierra por él conocida antes de sus aventuras venezolanas. En hombre como él, acostumbrado a la guerra, la trashumancia y los cambios repentinos, aquello no era extraño. El presidente Mosquera, como antes entre nosotros Páez, lo aprovechó ampliamente para la investigación geográfica y para encabezar la Comisión Corográfica. Allá murió, en 1859, cuando en Venezuela estaba por encenderse la guerra federal.
Para cerrar con Enrique Bernardo Núñez, valga la cita de un artículo suyo publicado en El Nacional con motivo del centenario de la muerte del hombre de la pasión geográfica: "Durante diez años recorre a Venezuela, 'el país de los mil ríos' (1047 es el número dado por Codazzi). La tierra de Venezuela le revela sus secretos. A pesar del tiempo transcurrido, de los cambios efectuados, su Geografía nos parece un libro extraordinario. Ningún otro tenemos hoy que oponerle. Se diría que esa descripción encierra la historia de un pueblo que le ha dado las espaldas a su destino".

*Publicado el 5 de julio de 1998

El nuevo dinosaurio fue descubierto por un equipo dirigido por el profesor Xu Xing del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín.

Encuentran restos de un dinosaurio con alas parecidas al murciélago

El nuevo dinosaurio fue descubierto por un equipo dirigido por el profesor Xu Xing del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín.


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Fue bautizado con el nombre de "Yi Qui" (Reuters)
EL UNIVERSAL
jueves 30 de abril de 2015  11:40 AM
Madrid.- Un nuevo tipo de dinosaurio del periodo Jurásico bautizado como "Yi Qui" y cuyas alas no estaban hechas de plumas sino de piel, ha sido descubierto en el noroeste de China, según publica  la revista Nature.

El recién llegado a la gran familia de los dinosaurios fue descubierto en la provincia china de Hebei y su nombre, "Yi Qui", significa "ala extraña" en mandarín, pues los científicos consideran que "se habría movido por el aire usando membranas parecidas a las de las ardillas voladoras"

Esta misma semana Nature publicó el descubrimiento de otro dinosaurio el "Chilesaurus diegosuarezi" de 145 millones de años y encontrado en Chile.

"Yi Qui" pertenece a un grupo enigmático de pequeños dinosaurios llamado "scansoriopterygids", que hasta ahora solo se conocen en China y están relacionados con las aves primitivas, como el famoso Archaeopteryx, aunque hasta la aparición de este nuevo especímen no se tenía evidencias de que pudieran volar.

El nuevo dinosaurio fue descubierto por un equipo dirigido por el profesor Xu Xing del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín.

En un primer momento, "Yi Qui" parecía que tampoco podía volar, por lo que sus plumas fueron preservados junto al esqueleto, pero algo no cuadraba a los investigadores pues estas parecían demasiado estrechas y con forma filamentada, lo que permite tener una superficie útil de vuelo.

Además, se dieron cuenta de otra "característica" poco usual: un largo hueso en forma de varilla que se extendía desde cada muñeca, lo que les dio la pista de que podía tener un tipo de ala diferente al que habían esperado encontrar.

Este tipo de varillas de hueso o de cartílago están presentes en otros animales como los murciélagos y las ardillas voladoras y su función es siempre la misma, ser soporte de una membrana aerodinámica.

Entre los restos de "Yi Qui" también se encontraron pedazos de tejido membranoso, lo que reforzaría la teoría de que era capaz de volar, aunque los expertos no creen que tuviera una gran destreza en el aire y creen posible que solo fuera capaz de planear o de hacer vuelos muy cortos entre árboles.

Esta es la primera vez que este tipo de aparato de vuelo se ha encontrado en un dinosaurio por lo que este "puede ser un extraño experimento evolutivo que finalmente fracasó", señala el estudio.

El profesor Xu relató a Efe que su equipo había pensado que era "apropiado darle a este fósil un nombre que significase 'ala extraña' porque ningún otro ave o dinosaurio tiene una del mismo tipo".

Los investigadores han reconocido que esperan que la reconstrucción que han hecho del ala "sea controvertida", pero creen que han llegado "a la mejor interpretación teniendo en cuenta las evidencias disponibles".

sábado, 25 de abril de 2015

Luego de que en 2008 un helicóptero militar divisara una aldea nunca antes identificada, un equipo de médicos venezolanos acudió al lugar y tomó muestras fecales, cutáneas y bucales de 34 de sus miembros.

Resistencia a antibióticos de los yanomamis preocupa a científicos

Luego de que en 2008 un helicóptero militar divisara una aldea nunca antes identificada, un equipo de médicos venezolanos acudió al lugar y tomó muestras fecales, cutáneas y bucales de 34 de sus miembros.

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Viven aislados en el Amazonas (Archivo)
EL UNIVERSAL
sábado 18 de abril de 2015  02:26 PM
Miami.- Los yanomamis, una remota tribu en el Amazonas venezolano, parecen ser resistentes a los antibióticos modernos incluso aunque sus miembros casi no han tenido contacto con el mundo exterior y nunca han estado expuestos a estos fármacos.

Los yanomamis son una tribu seminómada de cazadores-recolectores que viven en la jungla del Amazonas venezolano. Luego de que en 2008 un helicóptero militar divisara una aldea nunca antes identificada, un equipo de médicos venezolanos acudió al lugar y tomó muestras fecales, cutáneas y bucales de 34 de sus miembros.

Para proteger su privacidad, el nombre y la ubicación del poblado no se dio a conocer.

Los científicos hallaron que el microbioma --la comunidad de bacterias, hongos y virus que viven en el cuerpo humano-- de los yanomamis es mucho más diverso que el microbioma de, por ejemplo, comunidades rurales venezolanas u otros grupos con una exposición limitada a los fármacos, reseñó AFP.

Este pueblo remoto vive en condiciones relativamente sanas, lo cual puede deberse a que su microbioma "contiene posiblemente el nivel más alto de diversidad bacteriana que se ha registrado hasta la fecha en un grupo de seres humanos", señala el estudio publicado en la revista Science Advances.

Si bien los yanomamis tienen camisetas, machetes y latas de metal, lo cual sugiere que existe cierto contacto con la civilización, no han estado expuestos a muchos elementos de la vida contemporánea que pueden reducir la cantidad de microbios en el cuerpo humano, como alimentarse de comidas procesadas, tomar antibióticos, desinfectarse las manos y dar a luz a través de cesáreas, dijeron los científicos.

Y algunos microbios parecen tener un efecto protector en la salud: por ejemplo, ayudan a evitar la formación de cálculos en los riñones.

Esta tribu vive en pequeñas aldeas en un área tan remota que sólo se puede llegar por helicóptero o tras varios días de viaje en canoa.

Los investigadores no hallaron en los yanomamis que pudieron ver señales de obesidad o desnutrición. El pueblo se alimenta de pescado, ranas, insectos, plátanos y tubérculos, dijo María Gloria Domínguez Bello, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York.

No obstante, no se tomaron muestras de los alimentos y bebidas de la tribu, lo cual podría haber revelado mucho sobre cómo alcanzaron este alto nivel de flora intestinal.

"Me encantaría volver a la comunidad, ahora que sabemos lo que sabemos", comentó.

Una alarmante resistencia

Los científicos esperaban hallar alguna resistencia a los antibióticos en la población yanomami, debido a que estos genes resistentes han existido en las bacterias del suelo desde hace millones de años o más, de modo que tiene sentido que tales genes migren junto a las personas incluso sin necesidad de que se utilicen antibióticos.

Pero lo que sorprendió al equipo fue el descubrimiento de que los indígenas yanomami tienen casi 30 genes resistentes a los antibióticos que antes eran completamente desconocidos por la ciencia.

Incluso más: estos genes son resistentes a algunos de los antibióticos sintéticos más recientemente desarrollados en el mundo.

"Fue alarmante para nosotros encontrar genes que podrían desactivar estos modernos fármacos sintéticos en la población yanomami", dijo el coautor del estudio Gautam Dantas, de la Escuela de Medicina de Washington.

"Vemos esto como una evidencia más de que la resistencia a los antibióticos es de hecho una característica natural del microbioma humano, pero que puede ser activada y amplificados hacia una resistencia aún mayor después del uso de antibióticos", dijo en una conferencia de prensa.

La era moderna de los antibióticos comenzó en los años 1940, cuando la penicilina rápidamente se transformó en una medicina muy usada. En las décadas siguientes, se descubrieron y comercializaron muchos otros tipos de antibióticos.

Pero el uso generalizado de antibióticos entre la gente y el ganado ha preocupado a la comunidad científica y se teme que se acerque el momento en que estos fármacos dejen de funcionar en lo absoluto, lo cual volverá fatales las infecciones que hoy día son tratables.

Esta investigación sobre los yanomamis "hace hincapié en la necesidad de acelerar la investigación de nuevos antibióticos, porque de otro modo perderemos la batalla contra las enfermedades infecciosas", dijo Dantas.

Unos restos dentales localizados en Italia muestran que los humanos modernos fueron los responsables de la cultura proto-auriñacense, alrededor de 42.000 años atrás, cuyos artefactos están vinculados a la llegada del "Homo sapiens" a Europa Occidental, según un estudio divulgado hoy por la revista Science.

Dientes de hace 40.000 años sugieren la llegada de humanos a Europa

La Cultura Auriñaciense sustituyó 38.000 años atrás, en el suroeste de Europa, a la cultura Musteriense en el inicio del Paleolítico Superior.

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Los incisivos fueron encontrados en dos lugares en Italia (Cortesía)
EL UNIVERSAL
viernes 24 de abril de 2015  12:34 PM
Washington.- Unos restos dentales localizados en Italia muestran que los humanos modernos fueron los responsables de la cultura proto-auriñacense, alrededor de 42.000 años atrás, cuyos artefactos están vinculados a la llegada del "Homo sapiens" a Europa Occidental, según un estudio divulgado hoy por la revista Science.

Este hallazgo ayuda a resolver el debate sobre qué grupo fue el origen de esta cultura, que coincidió con el fin de los neandertales en el suroeste y centro-sur de Europa, detalló Efe.

Los investigadores no tenían claro si la cultura proto-auriñacense, conocida por sus simples ornamentos, había surgido de los humanos modernos o era una evolución de los neandertales en el sur de Francia.

El equipo liderado por Stefano Benazzi, doctor de Antropología de la Universidad de Viena, analizó incisivos encontrados en dos lugares en Italia y los confrontó con esmalte procedente de registros fósiles de hace 41.000 años.

Posteriormente, comparó uno de los dientes que contenía ADN mitocondrial para encontrar coincidencias con el de los humanos actuales, humanos antiguos, "Homo neanderthalensis", homínidos de la Denisova en Asia, otro homínido de España y un chimpancé.

Como resultado, los investigadores confirmaron que dientes proto-auriñacenses estaban relacionados con la arqueología auriñacense, y dado que los neandertales desaparecieron de Europa Occidental hace cerca de 39.260 millones de años, Benazzi sugirió que la llegada de los primeros habrían provocado el declive de estos últimos.

La Cultura Auriñaciense sustituyó 38.000 años atrás, en el suroeste de Europa, a la cultura Musteriense en el inicio del Paleolítico Superior.